
Columna de opinión: Los 33 que nadie fue a rescatar
En 2010 el país entero se paralizó para sacar a 33 chilenos de un socavón. En 2026 hay otros 33 que salieron por la puerta de atrás, de a uno, sin cámaras y sin himno. Y en cada región quedó un hoyo donde debía estar el Estado.
Por Francisco Reyes Oyarzo, Chiloé News
Hace dieciséis años este país se detuvo por 33 chilenos atrapados bajo tierra. Hubo cápsula Fénix, hubo bandera, hubo Presidente en el desierto y una frase escrita a mano que quedó para siempre: estamos bien en el refugio los 33.
En 2026 tenemos otros 33. Pero estos no estaban atrapados: estaban gobernando. Y no salieron en una cápsula, salieron por la puerta de atrás, de a uno, cada cuatro días, sin transmisión en cadena nacional.
La última fue nuestra. El Ministerio de Salud le pidió la renuncia a Evelyn Brintrup, seremi de Salud de Los Lagos, que enfrentaba nueve denuncias por Ley Karin, dos querellas y seis acciones de tutela laboral presentadas por sus propios funcionarios, además de un spot de una empresa de quesos y el cierre de la competencia de esa empresa. La misma autoridad que días antes había firmado la prohibición de funcionamiento del Acuenta de Castro. La misma que el domingo previo subió un video a sus redes hablando de autocuidado y pidiendo no atacarnos entre nosotros.
Pero esta columna no es sobre Brintrup. Su salida elevó a 40 el total de autoridades que han dejado el gobierno en cinco meses: dos ministras, cinco subsecretarios y 33 seremis. Según el catastro de La Segunda, eso equivale a una baja cada cuatro días, cerca del 10% de los 307 secretarios regionales ministeriales que componen el gabinete regional del país.
Y las causas no son una desgracia climática. Hay nombramientos que no superaron el filtro más básico de requisitos legales —designados sin los estudios exigidos, sin la experiencia mínima acreditada— en regiones como Los Lagos, Antofagasta y Arica y Parinacota. Hay renuncias por «motivos personales», por ausentismo, por denuncias de maltrato y acoso laboral. Hubo designados que no alcanzaron a asumir, otros que duraron menos de 24 horas, y unos cuantos que se fueron antes del mes porque les pareció baja la renta. Todo esto en el gobierno que prometió excelencia.
Hay incluso una coincidencia que parece guionada: los mineros de la San José estuvieron 69 días bajo tierra. Las dos exministras de este gobierno, Mara Sedini y Trinidad Steinert, alcanzaron a estar 69 días en el cargo antes de ser desvinculadas por mala evaluación de desempeño.
El vocero que se entera por la prensa
El hombre que debía ordenar este cuadro es Claudio Alvarado: ministro del Interior desde el 11 de marzo y, además, ministro Secretario General de Gobierno desde el 19 de mayo, cuando la vocera Mara Sedini fue desvinculada. Es decir, el jefe del gabinete y el vocero del gobierno son la misma persona.
El martes 11 de agosto ese doble ministro reconoció que no sabía que el Ejecutivo había recurrido al Tribunal Constitucional para impugnar la norma que obliga a reponer gratuitamente los servicios básicos en zonas declaradas en catástrofe. El escrito había ingresado el sábado. Él había dado su vocería el lunes. Su explicación fue tan honesta como demoledora: «A alguien se le pasó tomar el teléfono».
Semanas antes, consultado por la salida de autoridades regionales, había respondido: «Da lo mismo que sean 20, sean 25 o sean 30».
¿da lo mismo?
Treinta y tres camiones, con música de fondo
Si alguien quiere ver cómo se comunica este gobierno en regiones, no hace falta viajar a La Moneda. Basta mirar lo que hizo la Vocería de Gobierno de Los Lagos con la crisis del pellet.
Mientras las familias del archipiélago hacían fila para conseguir una bolsa de pellet, el seremi de Gobierno, Rodrigo Díaz González, difundió un video institucional —con música de fondo, edición cuidada, tono de spot corporativo— anunciando 33 camiones y más de 924 toneladas para la primera quincena de agosto. Llamó a no acaparar. Descartó un quiebre de stock nacional. Todo muy prolijo, todo muy positivo ¿o no?.
Treinta y tres camiones. La cifra, otra vez.
Lo que no aparece en el video es lo que constató este medio en terreno: gente empujándose y llegando a los combos por una bolsa de pellet en las tiendas de la zona, y sacos de 15 kilos vendidos sobre los diez mil pesos por especuladores que hicieron su agosto, literalmente.
¿Qué tiene de positivo eso? ¿Qué parte de una familia peleando por pellet en pleno invierno amerita música corporativa de fondo?
Ahí está el problema completo, en dos escalas. Arriba, un ministro que es a la vez jefe de gabinete y vocero, y que se entera por la prensa de lo que hace su propio gobierno. Abajo, una vocería regional que confunde informar con hacer publicidad. Entremedio, treinta y tres cargos que rotaron. Y el pellet, que llega a cuenta gotas.
Por qué esto importa en Chiloé
El seremi no es una figura decorativa. Es quien firma el sumario sanitario, quien decreta la alerta, quien responde por el combustible que no llega, quien tiene que explicar por qué se cierra una escuela rural en Curaco de Vélez con tres estudiantes adentro, o abre y despues cierra después reabre un bypass que duró 11 años en construirse. Es el Estado con nombre y apellido en el territorio.
Cuando ese cargo rota cada pocos meses, no cambia solo el nombre en el papel: se pierde el conocimiento del territorio, se caen las confianzas que cuesta construir y los procesos vuelven a foja cero. Los Lagos figura entre las regiones más golpeadas del país, con salidas en Culturas, Educación y Energía, a las que ahora se suma Salud.
A los 33 de 2010 los fue a buscar un país entero. A estos 33 no los fue a buscar nadie, y el problema no es que se hayan ido: es que en cada región quedó un socavón donde debía estar el Estado. Aquí, en el archipiélago, esos hoyos tienen nombre propio: el pellet que no llega, el terraplén que se innunda por culpa de una obra de arte (concepto de moda en Castro).
Esta columna no va de quién ganó la elección. Va de algo mucho más básico: que alguien dure lo suficiente en el cargo como para aprenderse el nombre de nuestras comunas (ojalá no lleguen diciendo Queilén).




