
Columna de Opinión: La Tormenta Perfecta de la Desinformación
por Francisco Reyes Oyarzo, creador de contenidos en Chiloe.News
En medio de la incertidumbre que genera una alerta de tsunami, la ciudadanía no solo busca resguardo físico, sino también una brújula informativa clara y fiable por parte de sus autoridades. Lamentablemente, durante la reciente contingencia provocada por el terremoto en Rusia, el Gobierno y sus distintas reparticiones orquestaron una tormenta perfecta de descoordinación y contradicciones, dejando a miles de familias, especialmente en Chiloé y la Región de Los Lagos, a la deriva de la desinformación.
El primer síntoma de este caos comunicacional se manifestó el martes. Mientras la comunidad educativa de Chiloé aguardaba con ansias la decisión del COGRID nacional sobre la suspensión de clases, el Servicio Local de Educación Pública (SLEP) guardó un silencio desconcertante. No fue sino hasta pasadas las 9 de la mañana del día siguiente que su director ejecutivo apareció para confirmar una medida que, a esas alturas, ya se había difundido por canales regionales y nacionales, evidenciando una preocupante desconexión con la urgencia del momento.
Pero lo que parecía un tropiezo inicial se convirtió en un patrón errático. La noche del miércoles, la incertidumbre volvió a reinar. ¿Habría clases el jueves? ¿Qué pasaría con la conectividad marítima? Las redes sociales se convirtieron en un campo minado de rumores, obligando incluso a SENAPRED a desmentir publicaciones que daban por hecho una nueva suspensión.
El clímax de la confusión llegó desde el corazón del poder central. Mientras el Ministro del Interior, Álvaro Elizalde, anunciaba en la transmisión oficial del Gobierno un desescalamiento de las medidas, manteniendo la suspensión de clases solo para establecimientos en zonas de riesgo de inundación, a nivel regional se gestaba una narrativa completamente opuesta.
En una muestra de oportunismo político que poco aporta en momentos de crisis, fueron parlamentarios quienes se adelantaron a los canales oficiales para informar sobre las decisiones. Minutos después, para sorpresa de todos, la Delegada Presidencial Regional contradecía directamente al Ministro del Interior, anunciando la suspensión total de clases en toda la región. ¿A quién creer? ¿Al ministro en La Moneda o a la representante del Presidente en el territorio?
Esta contradicción flagrante no es un mero error administrativo; es una falla grave que socava la confianza pública. Como bien lo resumió un ciudadano en redes sociales: “Una vez más se evidencia la falta de coordinación entre el nivel central y los territorios… vulnera un principio básico de la comunicación pública: el mensaje debe ser claro, coherente y único”.
Cuando ese principio se rompe, el resultado es el que vimos: ansiedad, confusión y una profunda sensación de abandono en las familias que dependen de la información oficial para organizar sus vidas y garantizar la seguridad de sus hijos. No se puede gobernar a través de la improvisación, y menos en una emergencia. La prolijidad y la coherencia no son opcionales, son una obligación. Que esta seguidilla de desaciertos sirva de lección, aunque para muchos, con autoridades ya en retirada, parezca que la autocrítica llegará demasiado tarde.




