La Iglesia que no fue: Arquitecto reconstruye con Inteligencia Artificial el diseño original del templo San Francisco de Castro

El ejercicio digital realizado por Francisco Aguilar Sobarzo revela cómo luciría el icónico templo chilote proyectado originalmente por Eduardo Provasoli.

Por Redacción Cultura Chiloe.News

Castro, Chiloé – La Iglesia de San Francisco de Castro es, indiscutiblemente, una de las postales más reconocibles del archipiélago y una joya de la arquitectura en madera a nivel mundial. Sin embargo, su imagen colorida y vernácula difiere radicalmente de lo que alguna vez estuvo en el papel.

A través de un ejercicio realizado con la Inteligencia Artificial Gemini, el arquitecto Francisco Aguilar Sobarzo ha logrado visualizar con gran realismo y volumen el antiguo plano de fachada elaborado por el arquitecto italiano Eduardo Provasoli. El objetivo del experimento fue materializar digitalmente la visión original: una imponente obra de estilo neogótico, tal como fue concebida antes de tocar suelo chilote.

El contraste entre el plano y la realidad

El proyecto original de Provasoli era un diseño europeo clásico, pensado en la lógica de materiales pétreos. No obstante, la historia de la Iglesia de San Francisco es una de adaptación y genialidad local. La ejecución final se llevó a cabo íntegramente en madera, gracias a la maestría de los carpinteros de Chiloé bajo la dirección de Salvador Sierpe.

Para levantar la estructura, que abarca una superficie superior a los 1.400 m², se utilizaron maderas nativas como alerce, ciprés, coigüe y otras variedades coloradas. Tanto el frontis como la techumbre y los forros exteriores fueron revestidos en fierro galvanizado, alejándose del frío gris del hormigón proyectado.

Las dimensiones del templo siguen siendo monumentales: 52 metros de largo, 25 de ancho y una nave central de 16 metros de altura. Sobre el presbiterio se alza una cúpula octogonal de 32 metros, flanqueada por dos torres que alcanzan los 42 metros de altitud, según antecedentes del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN).

El ejercicio de Aguilar Sobarzo no solo buscaba una curiosidad visual, sino plantear una interrogante profunda sobre el patrimonio: ¿Habría tenido la iglesia la misma pertinencia territorial y valoración cultural si se hubiese construido en su concepcion original?

Según el arquitecto, la respuesta es que, si bien existen muchas iglesias neogóticas en Europa, ninguna posee la singularidad de la de Castro.

«La decisión forzada por las condiciones materiales de Chiloé, pero magistralmente ejecutada por los carpinteros dirigidos por Salvador Sierpe, de traducir un diseño neogótico europeo (…) al oficio vernáculo de la madera, es lo que transforma a esta iglesia en algo verdaderamente único», reflexiona Aguilar.

La visualización generada por IA sirve hoy como un espejo para valorar aún más la «traducción» arquitectónica realizada hace más de un siglo: el momento en que un plano italiano se rindió ante la identidad de la madera chilota.

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